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sábado, 22 de abril de 2017

Tiempo de Pascua: tiempo de alegría

El tiempo pascual comprende cincuenta días, los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo.

Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa. Es la pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.

El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes del Año litúrgico. La unidad de la Cincuentena queda también subrayada por la presencia del Cirio Pascual encendido en todas las celebraciones durante la Semana Santa, hasta el domingo de Pentecostés cuando celebramos la venida del Espíritu Santo.

Las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizados así: la primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús.

En tiempo de Pascua aprendemos de cómo se fundó nuestra Iglesia

Es cierto: Resucitó, sea nuestra alegría

VATICANO, 19 Abr. 17 / 04:23 am (ACI).- La Resurrección de Jesús fue el tema de la catequesis del Papa Francisco para la primera Audiencia General después de Semana Santa. https://www.aciprensa.com/

Papa Francisco nos comenta que San Pablo lo resume de este modo: Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día y se apareció a Pedro y a los Doce (Cfr. 1 Cor 15,3-5).

Este es el hecho. Ha muerto, fue sepultado, ha resucitado, se ha aparecido. Es decir: Jesús está vivo. Este es el núcleo del mensaje cristiano.

Ha muerto, pero ha resucitado. Porque la fe nace de la resurrección. Aceptar que Cristo ha muerto, y ha muerto crucificado, no es un acto de fe, es un hecho histórico.

En cambio, creer que ha resucitado sí. Nuestra fe nace en la mañana de Pascua. Pablo hace una lista de las personas a las cuales Jesús resucitado se les aparece (Cfr. vv. 5-7). Al inicio de la lista están Cefas, es decir, Pedro, y el grupo de los Doce, luego “quinientos hermanos” muchos de los cuales podían dar todavía sus testimonios, luego es citado Santiago. El último de la lista – como el menos digno de todos – es él mismo, Pablo dice de sí mismo:  ¡Yo he visto a Jesús resucitado! Este es el fundamento de la fe de Pablo, como de la fe de los demás apóstoles, como de la fe de la Iglesia, como de nuestra fe.

 Jesús nos ha tomado, nos ha atrapado, nos ha conquistado para no dejarnos más. El cristianismo es gracia, es sorpresa, y por este motivo presupone un corazón capaz de maravillarse.